The Half Mission Chronicle

Esto que voy a tratar de sintetizar es la crónica de la la Half misión una carrera de 80K que se corrió en la zona de Yacanto – San Javier (Córdoba) los días 12 y 13 de septiembre de 2010.

La carrera tiene el formato ultra trail: una carrera larga en la montaña, particularmente ésta consistió en subir (y luego bajar) el Champaquí que es el cerro mas alto de la provincia de Córdoba de casi 2800 msnm.  Se sale de San Javier a las 12 pm del sábado desde los 800 msnm, se recorren por terreno de montaña unos 80 km con unos 3000 metros de desnivel positivo acumulado y se debe volver a San Javier antes de las 12 pm del domingo, te dan 24 horas para llegar y clasificar.

Si te gustan este tipo de carreras terminás siendo una aficionado a las matemáticas, la geografía, las estadísticas y la futurología, cuando pensás en hacer este tipo de carrera comenzás a pensar en tus probabilidades, a revisar tus tiempos en el llano, trasladarlos al terreno montañoso y mientras mirás el mapa en el google earth tratando de adivinar el recorrido antes de que la organización lo mande, multiplicas tus tiempos por el producto de la elevación más un factor que determina el cansancio  y eso te da el tiempo que vas a tardar en la carrera, particularmente yo creía que iba a completar el recorrido en 16 a 18 horas.

Habíamos viajado Dasha (alias la debutante) cuya experiencia anterior consistía en haber corrido unos cuantos 21k cross y cuya mejor basa era su localía pues había crecido en Villa Dolores a escasos kilómetros de esos pagos, Esteban y yo en esos fabulosos coches cama que se hacen totalmente cama por lo que habíamos descansado lo más satisfactoriamente posible teniendo en cuenta que nos bajábamos del micro a las 8 am del sábado y teníamos que ir a la hostería a dejar los bártulos, disfrazarnos de corredores, ir a la acreditación, retirar los kits, preparar las mochilas y ufff, ya me cansé, cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos a media hora de la largada en la plaza.

Allí nos encontramos con los chicos del 7030 team  y también con otros amigos a los cuales nos dio un gustazo ver.

De izquierda a derecha: Ezequiel, Dasha, Yo, Estebita, Martín y Paco, el 7030 a full.

Aquí estamos con Chello y Silvina, gracias chicos por la foto! con tantos nervios no saqué ninguna.

Se largó la carrera

La carrera comenzó al mediodía de la plaza de San Javier y tuvimos un buen tramo de caminos de tierra que daban para correr en su mayor parte, luego de eso te enfrentabas a la montaña donde había que subir hasta los 2600, la sensación allí era la de enfrentarse con un gigante, la geografía que se nos presentaba por delante era tan empinada que tenías que mirar el cielo para ver donde terminaba, y aún así a la vez que íbamos caminando cuesta arriba nos dábamos cuenta que lo que creíamos el final no lo era, teníamos el síndrome de la falsa cumbre!!

Qué importante el altímetro en este tramo! porque no permitía que te ilusionaras inútilmente, tenías que subir hasta los 2600 para pasar para el otro lado, y si el altímetro decía que estabas recién en los 2000, no hay tu tía, lo que estaba viendo ahí nomas no era la cumbre.

Yo llevaba a mi fiel compañero el Forerunner que además de altímetro también me tiraba las distancias recorridas, por un lado era alentador ayudando en el tema de las ansiedades en la subida, saber la altura, es más que importante, diría que es casi imprescindible en este tipo de carreras, y es muy necesario ir chequeando eso, el otro aporte del Forerunner era más bien desmotivante porque si bien subías bastante, pasaban dos horas y solo habías hecho unos pocos kilómetros con lo cual si te ponías a pensar en todo lo que faltaba, te podías desmoralizar tranquilamente.

Aquí va una foto de la cosecha de Estebita de una parte de la subida de la Cuesta de los Cerros

En la foto se pueden se pueden ver los corredores en fila por el sendero, en el lomo de la cuesta.

Ya desde la salida sabía que no iba a hacer la carrera con ninguno de mis amigos, teníamos ritmos distintos y cada uno debía hacer su carrera, su experiencia, durante el camino me fui cruzando con gente, estuve un rato caminando con Sandra de la Plata, luego me crucé un rato con el Grupo de Magdalena Albin,  pero finalmente terminé haciendo la mayor parte de este tramo sola.

Durante la subida me encontré con corredores descompensados, descompuestos, vomitando, mareados, con dolor de cabeza en la mitad para arriba de la subida, la altura coincidían todos, o quizás el ganar tanta altura con tanto esfuerzo sin aclimatación? quien sabe? También encontré a corredores acalambrados, la subida era muy exigente y se había cobrado el precio, en un momento veníamos subiendo en grupo y en un claro antes del CPO encontramos un corredor estirando arrodillado en el suelo con la cola en los talones y las manos por delante de su cabeza, un chico que venía detrás mío le dice: – Buena idea! a qué dios tenemos que rezarle?

Algunos corredores se habían quedado sin agua, y todavía les faltaba un rato largo para llegar a donde podían recoger más del líquido vital. Mientras subíamos le convidé a un chico un gel que yo no iba a tomar y le dejé un poco de agua a otro que ya no tenía, quizás yo peco por exceso, salí de San Javier con 1 1/2 litros de agua en el kamel y además recargué en el río antes de comenzar la subida donde las indicaciones que nos dieron recalcaban que había que tomar líquido, como si esto fuera poco sumé una caramagnola de 750, lo que sí se es que me siento más segura cargando con el agua y sabiendo que no me va a faltar.

De la mitad de la subida para arriba me emparejé con una chica y un hombre que llevaban el mismo ritmo que yo, en los caracoles que tenían las subidas me encontraba que a veces lideraba yo, o a veces ellos, teníamos un ritmo de subida muy parecido, llegó un momento en que cuando el que iba adelante establecía la pausa, los otros tácitamente aceptábamos el descanso y nos deteníamos, en un momento había subido un tramo y como vi que se habían quedado un poco atrás decidí esperar a mis espontáneos compañeros de subida, es dura la vida del corredor solitario.

Luego más adelante hicieron un alto con sentada y todo (la mayoría de las paradas para descansar en las subidas son muy cortas y es quedarse en el lugar en el que estás para recuperar la respiración y que los músculos dejen de arder) en esa sentada me acerqué y les pregunté si podía sentarme con ellos y de caradura me puse a hablar, ahí hicimos las presentaciones oficial y conocí a Florencia y a Andy, Florencia no tenía experiencia en montaña (algo similar a lo de Dasha) pero realmente lo llevaba bien, creo que ella tiene unos años menos que yo no recuerdo cuantos pero me queda el recuerdo de haberme sorprendido cuando me dijo su edad porque yo le daba significativamente menos. Andy tiene 69 años es muy fuerte y  todo un corredor experimentado en este tipo de competencias ambos fueron super amables conmigo y cuando retomamos la subida nuevamente sin decir palabra al respecto seguimos en fila para arriba.

A pesar del sol que teníamos sobre nuestros cascos, un sol radiante y que el día había sido muy caluroso, en las laderas donde ya el sol no se mostraba la temperatura bajaba y se hacía sentir la falta de abrigo, así que en otro parate que hicimos para reponer fuerzas me puse una camiseta mangas largas debajo de la pechera de la carrera.

Llegamos a los 2600 a las 6 horas de carrera, allí debía estar el CPO (Control de paso obligatorio) en donde alguien de la organización anotaba tu número y eso generaba los primeros rankings de la carrera que eran transmitidos a la base en San Javier. Lo primero que ví fue la bandera con las letras CPO en grande a la sombra de la montaña, la gente de la organización no se veía, instintivamente busqué donde pegaba el sol y ahí un poco más arriba estaba el pibe sentadito disfrutando de los últimos rayos. Lo saludé y le pregunté: Cómo vamos? estamos en tiempo? Me respondió que si, que por ahora estábamos bien. Más tranquila pienso en el próximo tramo, había que pasar del otro lado del cerro y descender unos 300 metros para llegar al puesto 1. A esa altura con Flor y Andy ya nos veníamos contando nuestras vidas, cuando ya las primeras luces se estaban yendo llegamos finalmente al Puesto de Marquitos.

Llegada al Puesto de Marquitos

La siguiente foto la sacó Estebita en el puesto, yo llegué con las luces del atardecer, es interesante ver cómo se las arreglan para habitar en estas sierras sin las comodidades básicas que brinda el ABL 🙂

En el puesto 1 (17,5K)  había bastante gente y muchos estaban con frío, temblando inclusive, los chicos se fueron a comprar comida y Andy me dice: no vas a comer vos? le contesto que si, pero primero me iba a abrigar. Luego me comí una empanada de carne con coca, horrible por cierto, la bebida, la empanada estaba riquísima, pero la coca impasable,  pero era azúcar y sentía que la necesitaba, que me iba a hacer bien y si, te levanta muchísimo la coca.

Cuando el sol se fue la temperatura bajó muchísimo y de golpe, y por el día que habíamos tenido y el esfuerzo realizado todos estábamos transpirados. Me puse todo lo que traía salvo la remera térmica que la dejé para más adelante por las dudas. Ahí lo conocí a Hernán, compañero de aventuras de Andy,  llegó blanco como un papel contando que se había descompensado en la subida, justo cuando él estaba llegando nosotros ya nos habíamos abrigado, comido, reaprovisionado de agua y nos estábamos preparando para salir. Hablaron un ratito y se decidió esperarlo, pero por más abrigo nos hubiéramos puesto la falta de movimiento nos estaba pasando factura y comenzábamos a temblar descontroladamente yo me había sacado los guantes un rato para terminar de armar la mochila y me habían quedado las manos congeladas y con mucho dolor, No siento los dedos! decía medio en broma, medio en serio.

El pobre Hernán que encima de venir medio baqueteado por la descompensación que había tenido, se vio apurado por todo el grupo: se tuvo que abrigar y comer algo en tiempo récord, no se quejó (mucho) y en 10 minutos ya teníamos las linternas prendidas e irrumpíamos en la oscuridad hacia el puesto 2.

Si bien esta carrera no tenía orientación en el sentido estricto de la palabra (mapa + brújula), tampoco era que tuviéramos el recorrido marcado con cintas cada 50 metros. Había que estar atentos, encontrar las marcas, seguir el sendero, descifrar las indicaciones y agudizar los sentidos sobre todo de noche donde ya no tenías la visión del paisaje.

Hasta el CPO, o más bien hasta el puesto 1 era muy fácil seguir el camino, no solo porque era de día, sino también porque te encontrabas con la fila de gente y el sendero de subida estaba tan caminado que era inconfundible.

Del Puesto 1 al 2 fuimos conociéndonos un poco mejor con este nuevo grupo, A esta altura estábamos Andy, su hija Rosario, que junto con Flor estaba dando sus primeros pasos en la aventura, Hernán y Yo, en un momento que paramos para buscar la senda Hernan dice algo así como y esta chica quien es? Entonces le explicaron  que me habían adoptado porque venía sola, me presento y comenzamos a hablar, era del foro! y lo conocía a Esteban, bueno es muy difícil que se de una cosa sin la otra.  Si no me habían aceptado hasta entonces, creo que el nombre de Estebita me abrió las puertas que faltaban. De ahí en más seguíamos juntos caminando y charlando.

La carrera de noche

Mientras avanzábamos en nuestro camino me di cuenta que tanto Hernán como Andy se orientaban bastante bien, yo no seré un as de la orientación pero a lo largo de las carreras y los orientatlones he aprendido a defenderme con la brújula y el mapa, pero reconocer que con quienes fortuitamente había formado una asociación sabían de lo que hablaban me dejó más tranquila.

Este tipo de carreras que incluyen la noche te hacen comprender y descifrar información que a plena luz del día no hubieras notado, por ejemplo las luces de las linternas, si comenzabas a ver delante tuyo unas luces que enfocaban casi siempre para delante era muy probable que fuera un grupo al cual eventualmente alcanzarías, si venías las linternas dispersas y andando en círculos en ese caso era seguro que los corredores que venía delante nuestro habían perdido la senda, algo que no era muy difícil, si no te concentrabas o si ibas charlando para amenizar el momento podía seguir por un camino que no era y cuando te dabas cuenta de que habías pasado un rato caminando sin ver una marca, mal que nos pese teníamos que volver.

Las marcas que podían ser de 4 tipos: o círculos blanco de pintura, o cintas de peligro, o luces químicas (pocas en la montaña) o pircas de piedra, pero en estas últimas no podías confiar mucho porque por ahí eran para otra cosa, alguna vez nos pasó que seguimos la pirca y no era, pero la mayor parte del tiempo eran, que dilema…

Como registré toda la carrera con el FR después pude ver las evidencias de estas perdidas en el mapa, a continuación pongo dos impresiones de pantalla de perdidas.

En esta primera se nota una búsqueda frenética de la senda

En la segunda, se ve claramente lo que decía de perder la senda y tener que volver sobre tus pasos para encontrarla nuevamente.

En el trayecto del puesto 1 al 2 nos encontramos por primera vez con las luces químicas (O Glow stick) que la organización había puesto a modo de marca, en medio de la noche era mágico ver una linea de luz verde allaaaaaaaaaa lejos y sabías que hacia allá era, sin duda tenían la misma efectividad de una marca de pintura de día, cuánto más fácil hubiera sido todo si la parte nocturna hubiera sido señalizada con esas luces, esperemos que sea un elemento a incorporar en próximas carreras de esta clase.

Finalmente llegamos al puesto 2 (21,5K) a las 8.30 pm,  aunque al lado de la mesa de la organización asomaba una pieza iluminada y con unas tentadoras cuchetas no nos quedamos mucho tiempo allí, tomamos otra coca, nos sacamos la mochila durante 10 minutos, cargamos agua y seguimos.

Rumbo al Puesto 3 “Los árboles”

Del Puesto 2 al 3 había una distancia aproximada de 10K, pero no llegábamos más!! nos fue dificultoso seguir las indicaciones, aunque luego de unas idas y venidas nos encontramos con un chico de la organización que encima se dio el lujo de retarnos por no prestar atención. Sigan las marcas! nos dijo y entre refunfuños e insultos cariñosos por lo bajo nos alejamos haciendo eso.

A la distancia veíamos luces dando vueltas, perdieron la senda pensamos, pero no importa porque íbamos a llegar nosotros y encontrarla, cuando los alcanzamos renovamos sus esfuerzos buscando la senda nuevamente, la cuestión es que no era fácil y nuestro objetivo nos esquivaba y eso hacía que fuéramos perdiendo la ventaja y los que venían más rezagados nos alcanzaran, eso es algo que al principio te preocupa, pero como no se puede hacer mucho recibíamos a los recién llegados contándoles la situación y sumándolos a la búsqueda de las marcas, en un momento éramos como 30 desparramados por la zona.

Las instrucciones no ayudaban, en algún momento habíamos dejado de ver las marcas, quizás habíamos seguido equivocadamente alguna pirca que no era? Las indicaciones decían algo así como la senda que teníamos que seguir se alejaba del arroyo hacia el este y luego decía:

…Seguir las marcas (hasta ahí ok, las habíamos seguido) Pasarán por unos prados verdes (¿?), bordearán un alambrado y más adelante la senda baja (¿?) y se encuentra nuevamente con el arroyo Tabaquillos…

Decididamente habíamos perdido la senda y los prados por los que estábamos pasando eran amarillos no verdes!!! seguíamos buscando, algunos ya se habían dispersado por otro camino, y cuando reconocimos que la bendita senda no iba a aparecer, conferenciando con los chicos, decidimos trazar un rumbo Este y ver si encontrábamos el alambrado, tuvimos un par de idas y vueltas pero finalmente seguimos con esa estrategia, a falta de una mejor y luego de un rato de caminata encontramos el alambrado y comenzamos a bordearlo, allí eramos alrededor de 15 personas que marchábamos en fila a buen ritmo, pero el Puesto 3 no aparecía,  y cada tanto perdíamos la senda y en esos momentos eran cada vez menos personas las que buscaban la nueva senda y más los que se sentaban a recuperar el aliento.

Cuando vas con un grupo de gente en una carrera y no amigos las paradas se hacen de otra manera, mientras que no tenés pruritos de gritarle a tus amigos: Che! paren un cacho que me quiero abrigar, desabrigar, sacar algo de la mochila o las piedras de la zapatilla, no es lo mismo cuando hablamos de este tipo de asociación espontánea ya que no tienen ninguna obligación de esperarte y está bien que así sea, y es entonces cuando aprendés a optimizar los tiempos, llegó un momento de la larga marcha en la que estaba esperando con ansias que perdiéramos la senda por unos minutos a fin de poder parar y cambiar el FR que se estaba quedando sin baterías, en un momento se me dio, me saqué apresuradamente la mochila, arrojé el reloj prendido adentro, saqué el otro, me puse la mochila, me puse los guantes, encendí el reloj y ya estaba lista para continuar.

Por fin apareció el Puesto 3 (32,5k), llegamos cerca de las 00.30 am, yo estaba bastante cansada, compré unos caramelos una coca y me senté a comer el sandwich de jamón crudo que traía en la mochila, aproveché para ponerme un par de guantes finos debajo de los de esquí porque venía, a pesar del ejercicio con las manos frías, y al quedarnos quietos un rato comencé a temblar de nuevo y no lo podía parar, me acordé que había un fuego afuera y les avisé a los chicos que me iba a acercar para ver si podía recuperar calor.

Me quedé parada a 30 cm del fogón no me importaba si se me quemaban las zapatillas o se me agujereaba el pantalón, necesitaba con desesperación el calor que proporcionaba, al ratito ya estábamos todos alrededor del fuego.

Del puesto 3 partía la senda que subía al Champaquí, el punto más alto de la carrera, el punto desde el cual no se subiría más porque de allí hasta la llegada todo sería en bajada.

Hacia el Champaquí

Teníamos por delante 17 km para llegar a la cima, pero era por un camino de autos, de esos que son como un caracol que dan ganando altura de a poco, parecía una bendición después de tanta subida empinada.

A esta altura la habíamos perdido a Flor que no había llegado aún al Puesto 3 cuando nosotros partimos, así que los 4 enfilamos con el camino de autos hacia la oscuridad con la luz de las linternas como único resguardo.

Si me preguntan qué es lo que más me costó de toda la carrera, yo diría que fue el ascenso al Champaquí, aunque era por el camino de autos, que no presentaba brutos desniveles me costó horrores. Salimos caminando pasada la 1 am y mientras iba caminando me dormía! se me cerraban los ojos y era una tentación muy grande no hacer el esfuerzo de abrirlos, un ratito más, pensaba y así caminaba medio dormida hasta que algo hacía que abriera los ojos de nuevo, como tropezarme con una piedra 🙁

Además no tenía cuádriceps, cada paso para arriba costaba mucho, tenía los músculos agotados, casi toda la subida la hice con Andy, al principio arranqué sola, pues me había ido quedando atrás en la subida por el mismo cansancio y venía arrastrando las chancletas sola en la oscuridad, si bien es una falsa sensación porque en ese momento de la carrera tanto atrás como adelante había gente, da cierta cosita, no son carreras para hacer solo, son mucho más divertidas, amenas, emocionantes y seguras cuando podes compartir la experiencia.

En un momento me puse a hablar con un chico que me alcanzó y venía subiendo, pero juro que no puedo recordar lo que hablamos. En un momento de la subida llego a un lugar donde habían un grupo de corredores alrededor de una chica que se había descompensado y cuando estoy por parar a ver que pasa me lo encuentro a Andy que me estaba esperando, me agarra del brazo y me dice vamos! de ahí en más me fue bancando porque entre que venía medio zombie y las piernas que no me daban me tuvo que esperar un buen rato y para mi era importante ver que por más que él se adelantaba 50 metros, se daba vuelta y me apuntaba con la linterna para ver si yo todavía seguía viva.

Antes de llegar ya empezábamos a ver la gente que bajaba y la pregunta obligada: falta mucho? todos decían 10 minutos, una, dos, tres, cuatro curvas más y llegábamos a las 4:50 al punto más alto de nuestro recorrido, pero no fue arriba de todo, en algún momento de la carrera modificaron el recorrido porque parece ser que la gente se perdía yendo al filo y pusieron un puesto de control para fichar antes, yo no me enteré hasta mucho después, creidísima de haber estado en la punta posta 😀 Ahí Andy que ya venía seguro medio hinchado las pelotas de esperarme me dice con su mejor voz de padre: Ahora vamos a hacer una bajada rápida para distender los músculos, me dio una ternura, le dije Ok y comenzamos a bajar a buen ritmo.

La cuesta de las cabras

Desde que salimos del Puesto 3 que venía escuchando hablar a la gente de la cuesta de las cabras, que era el próximo objetivo una vez conquistado el Champaquí, Decían que era muy difícil, peligrosa, peligrosísima, que había que tener mucho cuidado, esperar a que amanezca, que era una locura bajarla de noche, blabla, blabla, blabla, yo ya me estaba asustando con todo lo que se decía.

Siguiendo el camino de autos nos encontramos con la carpa de la organización, que estaba donde había que salirse del camino para encarar la cuesta, nos indicaba la entrada todavía era de noche, entonces le pregunto al pibe que estaba emponchado y de seguro su acento cordobés lo delataba como conocedor de la zona:

-che es muy difícil la bajada?
-yyyyyyy -me dice- es difícil, si,
-pero por qué? tiene piedras sueltas?
-no no, no tiene piedras sueltas,
-ah! entonces no puede ser más difícil que el cerro lopez 😀 (eso lo dije para mi, ver post Trekking 2 refugios y paso de las nubes)

Ya estamos, pan comido, si no tiene acarreo no me va a dar miedo, lo que tenía la cuesta de las cabras era que resultaba complicado seguir la senda, ésta muchas veces se perdía, sobre todo cuando era de noche y entonces lo mejor siempre era volver para atrás a la última marca conocida. La primera parte de la cuesta la hicimos de noche,  y comenzó  a amanecer cuando estábamos en la última parte de la bajada más empinada, cuando la luz comenzó a iluminar la montaña y pude ver por donde había bajado agradecí que era de noche en su momento, porque la senda se emplazaba en una cara muy vertical de la montaña.

En esos momentos me encontraba sola de nuevo, y sonó el teléfono avisándome que entraba un mensaje y me di cuenta que volvía a tener señal, me senté en una piedra, me saqué la mochila  y lo llamé a Esteban, el cual creía que yo había abandonado, porque la carrera había sido muy dura, me sorprendió mucho cuando lo escuche porque jamas, en ningún momento se me pasó la idea por la cabeza, eso también me sorprendió, si pensé que quizás no me iba a alcanzar el tiempo, pero en abandonar, sinceramente no. Cuando vi lo que había que subir simplemente dije: ok un paso a la vez, quizás tiene que ver con la experiencia en la montaña, yendo por sendas no hay desniveles imposibles, porque yo ya he subido montañas, y me he bancado horas de desnivel subiendo y subiendo, no era ni nuevo, ni me daba miedo. También tengo experiencia en caminar mucho tiempo, en bancarme la impaciencia de todavía no llegar al objetivo, creo que esa experiencia sobre mis espaldas hizo que no me planteara algunos temas que quizás deberían haber salido a la luz al ser la primera vez que corría algo de estas características.

La noche más allá de darme miedo me pareció alucinante, creo que las primeras horas desde que oscureció fueron las mejores, iba con la boca abierta y cuando el terreno lo permitía miraba las estrellas, que estaban todas tan cerquita, el cielo era negro negro y las estrellas como solo se pueden ver lejos de la ciudad, la vía láctea en todo su esplendor.

Desde la cuesta de las cabras podías ver la ciudad allá abajo, parecía ahí nomas, solo que estaba a 1800 metros para abajo. Era un enrejado de lineas amarillentas muy lindo, alguien me dijo que algo que se veía ahí abajo con muchas luces era Córdoba capital, no pude contener la carcajada, Córdoba capital queda a 200 km de ahí, a lo sumo habrá sido Villa General Belgrano no lo se.

Hablando por teléfono con Esteban me enteré que el había llegado a eso de las 6 de la mañana a la meta, muy buena carrera! A todo esto:

– Y Dasha? le pregunto? (se acuerdan? la debutante?)
– Dasha llegó media hora antes que yo!
– En serio! que carrerón que se mandó! que fuerte que es!
– Si! me estaba esperando con chocolate a la llegada!!
– Pero esta chica no respeta a sus mayores!!! jajaja!

En la foto vemos a Esteban y Dasha ya llegados y felices

De los chicos del team, Ezequiel, Martín y Paco, todavía no se sabía nada, yo me acordaba que al principio de la carrera ellos corriendo me habían pasado, pero luego yo los había pasado a ellos porque estaban acomodando algo al costado del camino, luego no los vi que me pasaran o en los PC o cuando nos acoplábamos con gente, pero bueno también yo tenía un par de perdidas en mi haber y bien pudieron haberme sobrepasado sin que lo supiera. Había que esperar, la carrera no había terminado, tampoco para mí, corté la llamada y seguí cuesta abajo.

De la cuesta de las cabras se puede decir que el nombre lo tiene bien puesto, solo a las cabras les debe gustar bajar por ahí, era un sendero en travesía a través de la pared de la montaña que luego se extendía sobre los filos de las lomas que estaban más abajo. Decir que no se terminaba más es quedarme sin palabras para expresar el fastidio que todos sentíamos a ese momento.

En el puesto de la cima del Champaquí nos dijeron que faltaban 20 kilómetros, 20k!!! nada! qué eran 20k y todavía no eran las 5 de la mañana! a las 8 ya me veía desayunando en el hotel… que ilusa! la bajada nos llevó 5 horas y toda nuestra paciencia, finalmente cuando salimos al camino eran las 9:30 de la mañana y nos quedaban 6k para llegar al Hotel Yacanto.

El último tirón

A esa altura Andy y Rosario, que tenían las pilas puestas decidieron correr hasta la meta, con Hernán seguimos caminando un rato más charlando de la vida y preguntando a cada curva del camino cuando diablos aparecía la civilización, en algún momento ya nos cansamos de todo lo que faltaba en tiempo para llegar y comenzamos con un juego para pasar el rato y tratar de minimizar el ETA que consistía en leer el camino que teníamos delante y, corriendo en las bajadas, estimado desde donde hasta donde se podía correr, entonces decíamos: “Vamos a correr desde el último aloe vera hasta la señal del lomo de burro”, o “corremos desde la esquina hasta la verja verde, la segunda eh? no la primera” 🙂  a esa altura se nos había acoplado un corredor silencioso que hasta se prendió en nuestro juego.

Desde la Plaza de donde se había largado había que hacer 1,5k por la ruta y luego casi 1k más por una calle de tierra “en subida!!!”  hasta el Hotel Yacanto, qué necesidad!! nos preguntábamos a cada rato, si podía terminarla en la Plaza!!

Llegamos juntos al hotel con Hernán y nuestro amigo silencioso (perdón no me acuerdo su nombre). Hernán me decía: andá primero, y yo le decía noooo vamos juntos hasta que me agarró de la mochila y me dio un flor de empujón para que saliera en la foto sola 😀

Finalmente luego de 22.30 hs de carrera cruzábamos la meta y podíamos decir Half Misión Cumplida!! En la siguiente secuencia de fotos se puede ver nuestro arribo:

Con Hernán después del empujón

Posando para la foto oficial

Estebita feliz de ver que sigo viva y entera 😉

¿Cansada yo? No!!!

En la llegada estaban Esteban y Dasha esperándome nos abrazamos muy felices los tres por la experiencia vivida. Mientras yo soltaba por la boca lo primero que me pasaba por la mente, las primeras impresiones sin filtrar me sentaron y me dieron de comer, que rico que estaba el jugo de naranjas!!!

Nos pusimos al día de la carrera de cada uno, poco, había tanto para contar y mientras tanto los corredores seguían llegando, y nosotros aplaudíamos la hazaña, pregunte por los amigos: Chelo y Silvina habían llegado una hora antes, felices a más no poder, contentos por haber logrado el objetivo y el conocimiento de que ella está para mucho más.  Los chicos aún no habían llegado, luego de un tiempo decidimos ir a la hostería (Que quedaba en la loma del quinoto) bañarnos!!! y volver para la gran fiesta.

Cuando regresamos nos alegramos de ver que Martín Paco y Ezequiel ya habían llegado, si bien no habían podido hacerlo antes del límite de las 24 horas (por muy poquito) estaban enteros y realizaron junto con todos los que corrimos una hazaña. Durante la tarde seguían llegando los corredores y yo pensaba esta gente estuvo 27 horas en carrera! tremendo!

A la tarde en una mesa de café, y todavía sin dormir,  junto con Hernán, Estebita, Esteban (Chaca Corazón), Andy y Coco y Nicolás Garnil (tan dormida estaba que no se me ocurrió sacar una foto) ya se empezaba a analizar la carrera, que fue muy dura, que era mucho más exigente que la misión, que cómo puede servir esta experiencia para canalizarla en la misión. si de algo estoy segura es que esta carrera los dejó motivados.

Allí también me enteré que Florencia, a quién no habíamos vuelto a ver desde antes del Puesto 3, había llegado a la meta faltando 10 minutos para la hora de cierre y me alegró muchísimo porque había hecho un gran esfuerzo.

El saldo

Este gráfico es el perfil de altura de la carrera.

Cuanto que dije, cuanto que quedó sin decir, fueron 22.30 de carrera (1:30 antes del límite), sin dormir, caminando de noche, orientándonos en la montaña, enfrentando el frío, el cansancio y haciendo las cosas bien en relación a la comida y la bebida que necesitaba, creo que con esto doy por cumplido con creces el objetivo que me había puesto, que fue un no muy pretencioso: “Hacer la Half y ver qué onda”. Cuando decidí hacer esta carrera no tenía dudas que la podía hacer, con el paso del tiempo, iban surgiendo dudas, por suerte para mi ego las he podido aplastar. Y en el camino conocí a mucha gente generosa que fue solidaria conmigo, algo que voy a atesorar siempre. Gracias Andy, Hernán, Rosario y Florencia, por la generosidad y la grata compañía.

El día después

Ya en buenos aires, el lunes por el foro nos enteramos que había un corredor que no lo encontraban, no había llegado a la meta y ya había patrullas de rescate buscándolo en la montaña, un poquito de la alegría que sentía se oscureció, me dio miedo por el corredor perdido: Cristian, a quien no conozco pero no puedo dejar de sentir empatía. Con el correr de las horas no se sabía nada de él y las esperanzas decaían, creo que todos los que estábamos al tanto de la situación esperábamos fuertemente que apareciera de un momento a otro, esperábamos el milagro. Y finalmente el milagro sucedió, luego de 42 horas lo encontraron atrapado en una cornisa en donde había caído luego de errarle el camino en la cuesta de las cabras.

Les dejo el link del foro donde Cristian relata su crónica. Es muy bueno lo que escribe, no solo porque es emocionante  hasta las lágrimas, ya que, no es ni más ni menos que el relato de un milagro, sino porque con generosidad recoge lo que pasó, nos cuenta lo que vivió y analiza en qué se equivocó y nos deja una enseñanza que viene de la experiencia, tomemoslá.

2 thoughts on “The Half Mission Chronicle

  1. Muy linda crónica, y motivadora para hacer este año la Half. Me gustaría saber acerca del equipamiento para la misma, que llevar? Tanto la ropa, como de alimentos. Gracias. Saludos!

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