Como ganar La Misión
A veces uno puede planificar con un buen detalle una carrera, y después te sale otra cosa. ¿Cómo adivinar el futuro?
Quizás la mejor característica que defina a una verdadera carrera de aventura, es la falta de certezas sobre lo que va a pasar en ella, y posiblemente eso es lo que pasa en La Misión. Uno no sabe a ciencia cierta cual será la aventura. Ninguno de los corredores que están en la línea de largada, tiene la llegada asegurada. Es así de terrible y maravilloso al mismo tiempo. La aventura es una galleta, que hay que ver como se desenreda.
Me preparé como nunca antes me había preparado. Estaba fuerte, ágil, delgado, seguro. Pero faltando apenas un mes me empezaron a venir dolores terribles, en el pie derecho, (no podía pisar durante la primer hora del día) luego una especie de pubalgia. Un drama, tanto que uno ya no sabe cuanto es psicológico y cuanto es físico.
La Misión no solo se hace con el cuerpo, la mitad de la tarea corresponde a la cabeza, a pensar bien, a estar sereno, a tomar decisiones correctas; antes de la carrera, para entrenar, o para equiparse, y durante la misma: para no perderse, ni dejarse vencer por las adversidades. Por la madeja.
La carrera no es una sola. Son como 10 o 20 carreras. Corrimos y caminamos por 71 horas, de las cuales dormimos 9. El resto las insumimos en movernos. Para adelante y para arriba y abajo. Para sumergirnos y salir a la superficie. Se come se mira el plano, se bebe y recarga agua todo en movimiento. ¡Vamos vamos vamos! ¡Ya! ¡No pares! ¡Que no nos alcancen!
La carrera es dura. Durísima. Pero ¿no vamos a buscar eso? Como calificarían hacer con una mochila de 10 kilos en la espalda una distancia de 150 km, con un desnivel de 8 mil metros. ¡8 para arriba y 8 para abajo! Todo en nada más que 3 días. Durmiendo con temperaturas bajo cero y comiendo mal y durmiendo peor…Atravesando cañaverales, hundiendo los pies en mallines barrosos y malolientes a veces hasta la rodilla. Hay momentos en que avanzar un kilometro te puede llevar una hora.
A medida que la carrera pasa, te vas curtiendo, la primera vez que te agarra hipotermia, en donde tu cuerpo tiembla de manera descontrolada, o las manos te tiemblan que no podés agarrar nada sin que se te caiga, quizás te asustas un poco, pero cuando descubrís que comiendo una galletita, se te pasa en seguida, o moviéndote, entonces pasa a ser hasta gracioso.
Largué la carrera con un botiquín mas abultado, tenia una especie de droguería andante. Yo sabía que no debía tomar todas esas pastillas ni iba a hacerlo, pero tenerlas me tranquilizaban…
El pacto
Unos meses antes hablamos con Anita. Ana Gallardo, la gurisa, mi gran amiga
- Ani, ¿hacemos de nuevo la carrera juntos?
- Si! ¡Encantada!
- La vamos a pasar bárbaro! Pero Ani, si alguno de los dos ve que puede ir más rápido o quiere irse adelante, lo único que tiene que hacer es decírselo al otro. Acercarse y decírselo, ¡que no tengamos miedo! Lo que no tiene que pasar es abandonar al otro, como con un descuido y estropearle el sentimiento de la carrera. ¿se entiende? Te propongo que cumplamos esa regla, y todo va a salir bien. Mientras podamos ir juntos y la pasemos bien, hagámosla juntos…
- De acuerdo.
Yo pensaba que podría andar mejor que Ana… ¡Había entrenado mucho más que ella! Entrené todo el año para La Misión…
La carrera
Largamos, y en la primer mitad del primer día. En seis horas ya tuvimos de todo. Sol, lluvia, granizo y ¡nevadita! Tuvimos culí patín y caminatas por nieve profunda, de esa que te acalambra indefectiblemente. Tuvimos que subir una montañota llena de nieve con unos 800 metros de desnivel para después casi bajarlos todos, pasar por el centro de ski, y empezar a remontar de nuevo, para llegar a un collado a 1500 metros de altura. Y pasar entre 2 montañas nevadas.
A las 3 o 4 horas de carrera me di cuenta que cuando el entusiasmo ya se me aplacaba, venían los dolores, sobre todo del pubis. Al final de una cuesta nevada me esperaba Ana:
- Ani, me tuviste que esperar…
- si. Un poco, pero hace frío, no puedo esperarte quieta.
- ¿Sabes qué? Nos están empezando a pasar, y yo estoy lastimado. Mejor va a ser que sigas sola.
- No. Vamos bien nene. No te preocupes… ya se termina la subida.
(En la subida me costaba. La ingle derecha me dolía a cada paso si había que levantar mucho el pie, me mandé una pastillita).
Cuando llegó la noche, nos perdimos, creíamos que estábamos ya llegando al collado, pero a la mañana siguiente comprobamos que hacía rato lo habíamos pasado de largo, quedó atrás, a la derecha a 2 o 3 kilómetros. La decisión más sabia fue hacer noche a las dos y media de la mañana, esperar a las 5 que aclarara. El campamento improvisado fue junto con otros 30 o 40 aventureros, entre manchones de nieve congelada. Ana necesitaba parar, se estaba congelando, me lo pidió. Eso me gustaba. Armamos la carpa en 10 minutos. ¡Que placer meterse en la bolsa de dormir! En menos de 2 minutos con una galletita aun en la boca creo que ya estaba durmiendo.
¡Que distinto se ve todo al día siguiente! Y con luz, como cambia el espíritu, la fe se renueva.
Tras 3 horas sin zapatillas, al levantarnos de dormir, las mismas estaban congeladas al punto de no poder ponerlas en los pies. Ya no eran zapatillas: eran suecos de madera. Era gracioso golpearlas contra los árboles. Tuvimos que mojarlas en un arroyito para que tuvieran alguna flexibilidad. El collado que de noche no se veía por estar tapado por un bosque, de día fue muy fácil de encontrar. Esa caminata por sobre nieve congelada fue deliciosa. Muy ágil. Estábamos solos, una hora o mas caminando solos en el bosque congelado.
Mas tarde ya en el otro lado de la montaña tendríamos que cruzar un río como 20 veces. ¡Un río HELADO! ¡Tan helado que cuando terminabas de atravesarlo, las plantas de los pies no se sentían, y salías corriendo con desesperación! Para ver si la anestesia se iba de una buena vez.
Por fin, ya más abajo, la ruta, y el PC2. Villa Traful con 20 grados, hermosa, y una hora de descanso. Llegamos al PC2 tan solo 2 horas y media antes del horario de corte. No nos sobraba nada. Comimos un guiso de lentejas. Delicioso.
Claro, no preveíamos que luego del guiso, tendríamos que subir al piedritas. 1000 metros de subida constantes. En nada más que 6 kilómetros. ¡Imaginen el triangulo! El cateto vertical tiene 1000 el horizontal 6000, eso da un ángulo de… No se. ¡Es terrible!
Bueno. Las lentejas me acompañaron las 2 primeras horas de las 3 que demoramos en subir. Tuve que beber mucha agua para apagar ese fuego. ¿3 horas para hacer 6 kilómetros? ¿Para que entrenas? Me diría un neófito… Si. Pero 1 kilómetro fue “para arriba” fue como subir 15 veces un edificio de 25 pisos. Bueno. Con tierra. Y barro y piedras. En vez de escalones.
Cuando ya me empezaba a sentir mas o menos acostumbrado a mis dolores, bajando el piedritas, en un trote entusiasta, me tuerzo el tobillo del mismo lado que tengo la pubalgia. Y me empieza a doler eso. Otra dificultad. Traté de olvidarme. Ya va a pasar…
Cruzamos un río, el más peligroso de todos, con una corriente muy fuerte y de una profundidad que te llegaba el agua a la cola…La organización había puesto un cabo, pero el río era tan ancho, que el cabo finalmente tenía mucha flexibilidad. Por poco nos caemos. Si te mojas el torso, quizás eso sea el final de la carrera. Safamos.
Ahí vino una parte de trote, una senda de arena, se podía ir rápido. Ana adelante y yo detrás, pasamos a varios equipos, era divertido. Oscurecía y la temperatura bajaba de pronto como 10 grados. Paramos un instante y nos abrigamos.
Mientras el músculo está caliente, no se siente tanto el dolor. Llegamos a la patrulla y nos indicó: tendríamos que remontar un río, cruzarlo unas 15 veces. Hasta llegar a un collado. Eran las 11 de la noche.
Esa fue la primera vez en una carrera que siento miedo. No se veía nada, caerse en medio de la correntada significaba decirle adiós a la carrera, pero casi uno no piensa en eso, sino en lo terrible que puede ser estar invadido por todo esa agua helada. Yo hubiera querido acampar, pero Ana quería seguir. Me puse detrás de ella y dejé que cruzara siempre primero. Si Anita podía cruzar y no caerse o no meterse en un pozo, yo la seguiría. Me sentía muy cobarde, pero por lo menos no abría la boca, y la seguía. De día: ya habíamos comprobado que habían pozos en los ríos. Que si no mirabas bien y tanteabas, pasabas del nivel de la rodilla al nivel del pecho.
Ana cruzó una y dos veces, pero por fin, para mi alivio, no encontramos la senda. Y volvimos al fogón de la patrulla a pasar la noche.
Llegando al lugar donde acampar, ya frío, me di cuenta que estaba muy desmejorado, le mostré:
- Ani, mira. Casi no puedo levantar la pierna, ¿no ves como la arrastro? ¿Cómo voy a hacer los 70 kilómetros que faltan? Me parece que mañana tengo que tomar una decisión… (Le dije casi como si fuera un niño)
- Dormí. Mañana te vas a sentir mejor.
¡Que sabia mi compañera!
Al día siguiente, no se cómo, ese dolor ya no estaba presente. Comimos unas galletas mientras desarmamos la carpa y salimos. Esa mañana fue la única, el único momento en que pude ayudarla a Ana, yo “tiraba” de ella, iba adelante, y la esperaba. No se porqué, le había venido el bajón físico, estaba como congelada, y un poco deprimida.
- ¿que pasa Anita? ¡No estás comiendo! ¿Querés un chocolate?
- Ay. No se. Me parece que cuando lleguemos a la patrulla abandono.
- Ana! ¿Como decís eso? ¿Pero que te pasa?
- Tengo los dedos de la mano congelados! ¡No siento 3 dedos!
- ¿Tenés el guante mojado? Eso me paso ayer! ¡Exprimilo!
- No. Está seco.
- A ver. Sacate el guante. Y chupate los dedos. Yo ayer lo resolví así. ¡Dale haceme caso! ¿Cómo me venís a decir que vas a abandonar!
Ana se frotó la mano contra la pierna. Se chupo uno a uno los deditos, y pareció mejorar… Me puse a silbar “I will survive”… quería levantarle el ánimo e alguna manera..
Bastó que le diera el sol, media horita y se calentara las manos en el fogón de unos patrullas para que ya volviera a ser la misma, la que me invitaba a acelerar, a darle con ganas. La que me desafiaba a poner mas ganas, mas ritmo.
Llegamos al pc3 con 5 horas de ventaja con respecto a la hora de cierre, ahí le pedí al medico de la organización que me vendara. Estaba de muy buen humor, el día era espléndido, debían hacer 20 o 22 grados, y de ninguna manera abandonaría. Sólo faltaban unos 30 kilómetros, y bueno… quizás 1200 de desnivel, pero al lado de todo lo que habíamos hecho… ya hasta resultaba poco. Para mi era una experiencia nueva, tolerar el dolor a cada paso, hacer todo el tiempo la carrera con ese pinche en el tobillo, y con el dolor agudo, de vez en cuando en la ingle, le daba al recorrido algo de gesta, era una batalla contra mi dolencia.
Faltaban “los filos”, esa tarde ese era el gran desafío, Llegar a los filos, la altura mayor a recorrer, mientras fuera de día. No se porque; yo tenía miedo de perderme y caer en cualquier filo, o que si era de noche por motivos de seguridad no me dejaran subir.
Le metimos pata, el vendaje me estaba ayudando, pero me dolía si hacía un esfuerzo. Rengueaba y compensaba con el otro pie. Dolía tanto el esguince que casi no me dolía la pubalgia.
Mientras uno hace la carrera, por mas que parezca que solo la hacés “para llegar” se nota que hay una competencia latente, mirábamos si había alguna chica que se nos acercaba, y en un par de ocasiones algún camarada nos preguntaba, nos tanteaba si íbamos a seguir, que pensábamos hacer…
- ¿No paran acá? ¿Hasta donde piensan ir hoy?
- ¡Hasta que caigamos muertos!
- Nosotros vamos a parar acá y mañana hacemos los filos, es lo mejor.
- Bueno. nos vemos
Te vas con cierta satisfacción. Uno no aflojó (aun), pero la carrera es larga. Muy larga.
Cuando estuvimos en el comienzo de los filos, eran las 9 de la tarde/noche. Quedaba media hora de luz, y pudimos apreciar esa larga línea de 5 o 6 kilómetros entre cumbres de montañas. Como un hilo de un equilibrista tendido. Por ahí. Por esa huellita sobre la nieve, teníamos que caminar. Hacer eso nos llevó 4 horas. Tuvimos suerte que no soplara viento. Todos hacíamos lo mismo: nos poníamos prácticamente todo el abrigo que teníamos. Además nos habíamos traído del PC3 una hamburguesa cada uno, y mientras hacíamos los primeros cientos de metros, yo masticaba mi hamburguesa seca y fría. Pero ¡que rica! Costaba tragarla, había que ayudarla con un poco de agua. Cuando caminás comiendo, la respiración se acelera.
A medida que pasaba el tiempo, mi estado era cada vez más calamitoso, yo me daba cuenta como me pasaba la gente. Nos pasaron como 20 o 30 corredores en los filos, mi único deseo era llegar, ya no estaba compitiendo, en otro momento hubiera puesto un poco mas de entusiasmo, ritmo, hubiera jugado. En cambio a las 11 o 12 de la noche, a casi 2000 metros, pisando sobre la huella que pisó el que pasó antes, para no resbalar, y usando los 2 bastones casi como muletas para compensar el pie que no pisaba bien, ya no me quedaban mas ganas, solo llegar.
De vez en cuando nos pasaba alguna chica.
La bajada fue rápida y abrupta. Era tierra suelta, y a veces había que patinarla. Más dolor. Mas lento todo para mi.
Por fin llegamos todos a un bosque. Si bien nosotros éramos los últimos de ese gran grupo todavía estábamos en el grupo. No se encontraba la senda y había que buscar una patrulla en el bosque. Que nos indicaría el camino a seguir. Ahí pude experimentar otra sensación que nunca antes había tenido.
Me senté. Me senté en la tierra junto a otros compañeros y me entregué.
Yo me quedo acá descansando un cachito. Cuando alguien encuentre la senda o la patrulla, me avisan. Mientras duermo-. Pensaba eso, pero sabía que no era bueno ni dormir ni parar. Que me vendría el frío indefectiblemente. Me comí un turrón, y esperé…
¡Entregadísimo estaba! A los 5 minutos ya empezaba a tiritar, y tuvimos la suerte que un compañero nos avisara que había visto una senda, y empezamos a bajar.
Los descansos en la carrera, aunque parezcan escasos, a veces hacen milagros, ¡sobre todo si se interrumpen con un mensaje esperanzador!
Bajamos por el bosque quemado, se ve que había habido un incendio… y allá a lo lejos algo brillaba, una gran fogata en un claro del bosque. Ahí estaba el patrulla, Anita ya estaba al lado de él. Escuchando las instrucciones para llegar a la meta.
Cuando en medio de las instrucciones se indicó el tiempo que faltaba para llegar a la meta, el corazón me dio un vuelco, eran las 2 de la mañana, y con suerte llegaríamos a las 7 u 8. Eso si uno estaba en buenas condiciones físicas.
¡Ana estaba tan fuerte! Me acerque y le dije bajito mirándola a los ojos…
- Ani. Ya casi llegamos. Yo sería muy feliz si te vas a ganar el podio. Vos podes ganar la carrera. Estás súper entera y yo voy a poder llegar bien a la meta, ya no necesito que me acompañes. ¡Por favor andá y ganate el podio! ¡Te lo mereces! Ya fuiste muy buena conmigo.
- ¡Estás en pedo! Estás loco nene! ¡No me interesa! ¡No me jodas!
- Ani! (casi llorando)
- ¡No insistas!
Empezamos a bajar. Y luego hubo que subir a un Puesto de control. Fichar que habíamos pasado por ahí, y empezar a recorrer una larga senda que nos dejaría en la base del cerro bayo como el primer día.
Pasó una hora, dos, y me empecé a poner muy molesto, incluso ana me dijo que la estaba tratando mal. Estaba muy cansado y me dolía mucho ya saben que…
- yo necesito dormir. Vamos a llegar mañana. ¡Igual los demás ya se fueron! ¡Nos pasaron todos!
- Estás seguro Esteban? ¿No querés seguir un poco? Dale…
- No puedo mas Ana, te juro que no puedo mas. Necesito descansar. Hace 2 horas que damos vueltas. Casi no puedo levantar la pierna.
Acampamos. Dormimos 2 horas. Y a la mañana siguiente, no se cómo, nuevamente se provocó el milagro. Ya tenía un poco más de fuerza, de espíritu, y tenía la certeza que era muy difícil que no llegáramos a la meta.
A las 11 de la mañana del sábado, 5 horas antes de que se cerrara la carrera, pudimos cruzar la meta y llorar de alegría. Mientras nuestros amigos nos aplaudían desde 2 o 3 metros, y nos fotografiaban, pero no se nos acercaban, porque éramos frágiles y fuertes al mismo tiempo, vulnerables, pero nos habíamos recibido de verdaderos aventureros, y creo que ellos percibían esa magia. Habíamos superado mucho más que una carrera, o una distancia.
Ana quedó cuarta en su categoría. Yo me siento muy en deuda con ella y con su integridad, aun me siento muy culpable; y eso es lo que quiero contar acá. Que se puede ganar y no llegar primero. Se puede ser un campeón, por tener un sentido tan fuerte de fidelidad y solidaridad. Yo siento que me ha trasmitido una gran enseñanza, y temo, que cuando llegue el momento, no me comporte como debería. Ojalá haya aprendido a ser tan noble. Tan amigo.
Esto es una carrera de aventura.
Apéndices
Durante la carrera se produce algo bastante interesante con los estados de animo…. Uno es como que tiene picos de euforia, en realidad me parece que por mi caracter estoy todo el tiempo buscando promover esos pequeños picos.
Una palabra de aliento, o remarcar algo del entorno, algo lindo, o comer una galletita favorecen la inmediata predisposicion del ánimo para obtener esas oleaditas de euforia.
Ahora con cada ola, tambien viene un pequeño bajón, supongo que esto debe ser normal, además, el tiempo va pasando, cada vez estamos mas cansados, con mas sueño, mas doloridos. hambrientos.
Mas que destacar el sufrimiento me puedo acordar perfectamente el momento en que algo te promueve la euforia, la sensación de que estas haciendo las cosas bien..
En ningun momento se piensa en la meta, o yo no lo hago, quizás es porque la meta está siempre muy lejos y no se ve.
Cuando se sale a correr un 10k en una carrera de calle, al kilometro 3 o 4 ya puedo estar pensando en la meta o cuanto falta para ella. Acá no se da nunca, o casi nunca, diría que las ultimas horas de la carrera, las ultimas 4 o 5 horas si. ya queremos llegar y cuanto antes mejor, el cansancio es total y casi que no se puede disfrutar del trascurrir. Solo se desea el fin.
Trato de imaginarme los deseos primarios que tenía sobre el final de la carrera:
- dejar de pegarle al tobillo.
- sentarme
- lavarme la cola.
No me interesaba bañarme (pero lo hice). Tambien me doy cuenta que mucho no pensaba, solo tenía en la cabeza el unico objetivo posible y claro que era llegar. En ese aspecto encarar la carrera es algo bastante brutal y egoista: durante los 3 dias uno no puede pensar en otra cosa que no sea la carrera y hacerla bien. Si bien hubo momentos en que me comunicaba con mi pareja, y lo hacía con alegría: la realidad es que mientras se está haciendo la competencia te tenés que olvidar de toda tu realidad, es notable como el trabajo, la familia, cualquier problema toda tu rutina quedan de un plumazo borrados, la mente provoca una negacion total y sólo existe el presente. La realidad presente, a eso se aboca el corredor de aventura. Calculo que es la mejor manera de hacer la compentencia, quizás haya gente que no, que pueda pensar en su familia, por ejemplo, o quizás quienes vayan y vengan de su realidad, tengan mas chances de abandonar o dejarse abandonar, o convencer.
También la carrera tiene esa magia de proyectarte en el nivel de estrellato, vos sos en ese momento el protagonista de algo unico que está sucediendo, y todos estamos concientes de ello. El tiempo de carrera es lo suficientemente amplio para que uno pueda adaptarse a ese instante de fama.
Para seguir viendo y sintiendo
Con este video nos presentaron la mision. El momento previo a que el organizador el Gurí Aznarez nos empezara a contar de que se trataba esta edicion, imagínense la escena, todos emocionadisimos, y con cierto miedo, nos acaban de dar los mapas, estamos sentados en el piso en un gran centro de convenciones y esperando que empiece la charla técnica previa, se apagan la luces, y nos pasan esto:
También hasta que se me cayó la cámara arriba de una roca, y quedó totalmente fuera de carrera, yo pude filmar 2 videos que son los siguientes, uno un poco mas bajo antes de entrar en la zona del cajon negro, un gran nevero…
y luego ya un poco mas arriba, si pisabas fuera de la huella del compañero que había pasado antes, te enterrabas hasta la rodilla, y es un sufrimiento salir de esa situacion:
Una foto que me gusta mucho:

Una mas.. en la misma ruta. era el vienes a las 3 de la tarde. ibamos hacia los filos.


Diciembre 11th, 2009 at 22:53
Estaba intentando escribir mi crónica, y me acordé de tu “escribí algo en mi pagina, anda a verlo cuando tengas tiempo”…
Y vine.
Debo confesarte que hubo partes que me emocionaron mcuho. MUchas de las vivencias que tuviste, a pesar que iba al lado, no las viví. Imagino que vos tampoco las querías transimitir tanto, los dolores y esas cosas (los dolores mas grandes, los otros si me los decías).
También veo que el cansancio te hizo perder un poco el sentido horario. Cuando llegamos a la patrulla del fueguito, en el bosque quemado, serían como las 11 de la noche pasadas, después subimos a firmar el PCV ahi arribita, y ahí comenzamos a ir hacia el bosque quemado.
En esos momentos realmente estaba muy preocupada por vos, veía lo despacito que te movías, el rictus que tenías en la cara, como si te estuvieras por poner a llorar, y si… me tratabas muy mal!!! (ahora te puedo decir malo yo a vos)
La mina sargenta te tenía mal, te tenía loco! pero dentro de la locura, no estaba mal.
Me acuerdo que había intentado bajar a campo traviesa y nos topamos con una baguadita imposible de franquear, y había qeu volver a subir, y vos tenías una cara de TOORTO increible, y se ve que por mas que estabas entregado en cuanto a la navegacion, tampoco confiabas 100por100 en mi, porque yo te decía que no te ahagas problema, esa baguada salia en el mapa y había que pasarla y nada mas.
SObre todo porque veíamos las lucecitas de donde teníamos qeu ir en frente, pero vos estabas como que te habías ido a pasear y habías dejado un entre.
Ahi, te dije de descansar, si querías parar y seguíamos mañana. Vos medijiste “hagamos el ultimo intento de pasar o encontrar la senda” y yo sin mucha conviccion seguí, pero era casi comico (ahora es cómico) ver los minipasitos que dabas, cuando finalmente encontramos la senda, ahi decidimos descansar…
Dormimos justo arriba de la senda, se ve que teníamos miedo que se nos escapara durante la noche….
¡Te acordás que unos chicos pasaron y hablamos con ellos desde adentro?
Bueno, meexcedi, me voy a mi blog a ver si escribo algo.
Diciembre 11th, 2009 at 22:54
me olvidaba, creo que very no me va a perdonar nunca que el día de nuestro mesiversario (el viernes) haya dormido cucharita con otro hombre, o mejor dicho “palito chino” porque dormiamos como dos palitos.
Diciembre 11th, 2009 at 23:50
[...] Bueno, dejo el relato de mi compañero, Estebita. Él hizo los deberes: http://www.cronicasdecarreras.com.ar/?p=1060 [...]
Diciembre 12th, 2009 at 20:51
Algunos comentarios que me surgen…
El tema de los dolores, antes de la carrera lo hablábamos y uno tendía a pensar (por el antecedente el año pasado) que todo era mayormente de la cabeza, y al iniciar la carrera se iban a ir. Esto no ocurrió, lo que hace creer que el factor psicológico no fue el más relevante, en este caso. Qué dificil de distinguir de antemano!
Por otro lado, este año tu entrenamiento fue más prolijo y controlado que las veces anteriores lo que llevaría a creer que los resultados deberían haber sido mejores también, y sin embargo aparecieron las lesiones. Igual no me parece que se le pueda echar la culpa a algo en particular (por lo de las estocadas digo) sino que simplemente ocurrió. Esto le dio a la carrera una cuota de sufrimiento no deseado pero también le da a la llegada un gran valor agregado.
Otro tema que me pareció interesante fue ese último comentario con respecto a lo que uno “piensa” en el transcurso de la carrera.
*Desde antes de largar nos dimos cuenta que pensar la carrera como una totalidad era inabarcable, de manera que le propuse a Juan Pablo pensar todo en etapas, del punto A al B, del B al C y así sucesivamente, sin pensar en lo que venía después y creo que dio resultado en gran medida. El último día sí, ya estábamos pensando en que ya queríamos llegar, en realidad el tema era que las últimas etapas cada vez nos acercaban más vertiginosamente al momento en que terminaríamos, por lo que no podíamos pensar mucho en otra cosa.
*Por otro lado, es verdad que resultaba difícil (o raro) pensar en las cosas relacionadas con nuestra vida “real”. El punto de contacto principal era el teléfono y la sensación era como que uno estuviera en otro mundo y de golpe tuviera un puente de contacto al propio. Cuento algo loco que pasó el primer día: yo tenía el teléfono prendido, pero en toda la zona del cajón negro, el cerro Buol y el valle nevado no hubo señal. Cuando nos empezamos a acercar a la base del cerro Bayo PC1, se empezó a escuchar el ruidito de que entraban mensajes, plin! plin! plin! y seguían. Cuántos mensajes iban a entrar? No me iba a fijar caminando, pero eran tantos que me hizo dudar si no sería algún problema, así que los miré. Un par eran mensajes de familiares, pero el resto (como 7) eran avisos de que teníamos una llamada perdida de un número xx desconocido. No tengo idea de quién es, le dije a JP. Pero a lo mejor es un problema de trabajo, dijo él, por qué no llamás y ves quién era. Así que cuando estábamos en el PC llamé. Era el miércoles cerca de las 9 de la noche. Me atiende uno que dice “Banco Itaú”. Yo atiné a decir “no te lo puedo creer!!!” Por qué??!! qué pasa??!! saltó el pibe. No nada, estoy en el medio de la montaña y recibo mil llamadas de ese número!! y corté. Luego de eso ya llevábamos el teléfono siempre apagado y lo prendimos solo en lugares en donde suponíamos que iba a haber señal. Más que nada, para pasar las novedades de dónde estábamos y para enterarnos de cómo estaban los chicos, si Pedrito se había ido al campamento, y luego si había vuelto bien. Pero es verdad que la mente de uno tendía a estar ajena a todo lo “normal”, y monopolizada por la carrera.
Otra reflexión que me surge del relato fue que evidentemente el tiempo total de carrera no implica necesariamente un ritmo o una medida de esfuerzo determinada. Nosotros demoramos 72 horas, solo 1 hora más, y realizamos la carrera a un ritmo no tan rápido (nosotros buscábamos no perder tiempo inútilmente, pero naturalmente muchos iban más rápido que nosotros y nos pasaban). Dormimos todas las noches, cada día una hora más que el anterior 4+5+6=15 horas, y llegamos a la meta obviamente cansados, pero no con la sensación de no dar más. En Yerba Buena Tafí me había pasado que cuando llegué sentía que no podía más. En cambio acá no. Estaba re feliz de terminar y no tenía dolores particulares de ningún tipo. En varios puntos del recorrido me acordaba de los dichos en la previa, de si uno en LM iba a “sufrir” o no. Yo no tengo la sensación de haber sufrido, solo algunos momentos puntuales de cosas que no me gustaban pero que no pueden ser considerados sufrir. Es evidente que cuando aparecen problemas de dolores físicos el panorama cambia completamente.
Diciembre 15th, 2009 at 23:41
Bueno, como nadie dice nada, voy a seguir comentando yo.
Volví a leer la primera frase y me quedé pensando en lo de la planificación. Es verdad que se puede planear todo al máximo y después surgen cuestiones laterales que te cambian el panorama a un punto que hay que aplicar el plan B o el C, o en el caso extremo, abandonar. Pero por otro lado, estoy convencida que cuanto más uno planifica y ajusta anticipadamente, disminuye el factor de incidencia de estos imponderables.
Cuando volvíamos el domingo en la camioneta que nos llevó al aeropuerto, venían con nosotros dos chicas (una de ellas resultó ser Vanina Onetto). Yo les pregunté si habían corrido la carrera y me dijeron que sí, pero que habían abandonado en el PC1.
- Pero eso fue el primer día! qué les pasó?
- Llegamos al PC tarde, nos habíamos mojado, teníamos frío, no habíamos comido nada, ni tomado agua…
- Pero por qué no comieron?
- Bueno, nadie paraba, y no nos queríamos quedar solas. Para comer teníamos que sacarnos las mochilas y abrirlas, porque teníamos todo adentro. Así que seguimos y seguimos, para no quedarnos solas. El agua la teníamos en el camel pero se nos acabó y había que abrirlo para recargar. En el arroyo nos mojamos la ropa porque nos tropezamos…
Todo esto habla básicamente de errores de planificación y logística. Todas las cosas que decían que las habían llevado a abandonar eran problemas fruto de haber ido mal preparadas, sin conocimiento de a qué se debían enfrentar y cómo.
Si todos estos aspectos sí han sido repasados y estudiados, los imponderables empiezan a ser más limitados, básicamente reducidos a cuestiones relacionadas con el clima o las lesiones. Y uno debe ir mentalmente preparado a que eso puede ocurrir y no habrá más remedio que abandonar, o en su defecto, habrá que ir más lento de lo planeado.
Diciembre 15th, 2009 at 23:55
Cuando veníamos bajando por el valle del Ujenco (la primera parte, antes de tener que cruzar por el agua), me torcí 2 veces seguidas el tobillo izquierdo. El mismo de siempre, el que me torcí en La Cumbrecita y también en Nogolí, pero menos. Evidentemente tengo algún problema ahí porque la torcedura es siempre igual y se me produce en cuanto se desnivela un poco el pie (si piso un tronquito o algo del lado del arco). En el momento me hace pegar un grito y veo las estrellas, pero luego de un ratito ya se me pasa y puedo seguir más o menos bien.
Bueno, en ese momento, cuando me lo torcí por segunda vez, Juan Pablo estaba enojado conmigo porque pensaba que tendríamos que abandonar y todo porque yo no le había hecho caso y no había ido al médico a hacérmelo ver, siendo que ya sabía que tenía ese problema. Yo le dije que estaba bien y me la aguanté, tratando de pisar con cuidado para no volvérmelo a torcer. Luego vinieron los cruces del arroyo con el agua helada que fueron un alivio para el tobillo e hicieron de tratamiento fenomenal para la hinchazón. El tratamiento siguió al día siguiente cruzando el Cataratas y después ya estuve bien. Solo me lo volví a torcer el viernes bajando el Ragintuco, pero ahí yo justo iba más adelante y ni le dije a JP para que no se enojara.
El tema es que, a pesar de que habíamos hablado previamente de que si alguno se lastimaba no iba a haber más remedio que abandonar y no nos íbamos a hacer problema, llegado el momento, si te llega a pasar, no te gusta nada.
Diciembre 16th, 2009 at 10:13
Pido perdón por no haber respondido antes. Este es el primer momento que dispongo de quizás una hora para pensar un poco en este tema, y escribir. Cuando leí los comentarios de Anita y Laura pensé cosas que me parecían se podían decir. pero no había “magia” para escribirlas en ese momento..
me pongo a releer y veo si recuerdo que pensaba…
Ana: estoy seguro que vos sentiste otras cosas, algunas me las comentaste personalmente y son muy interesantes, a veces siento que lo que no se escribe o no se comunica “se esfuma” se nos pierde, a nosotros y a los demás. Es importante darse cuenta que las cosas que se sienten hay que aprovechar los momentos para decirlas. Creo que desde hace un tiempo estoy renegando de la capacidad de pensar o razonar para apreciar mucho mas la capacidad de sentir. De cualquier manera: como es imposible dejar de pensar, el truco consiste en sentir mas, y seguir pensando.
Ani: sin tener la lectura del forerruner acá. (aunque podría buscarla, no se.. muchas ganas no me da. Lo puedo hacer en unas horas. no me parece para nada que hayamos llegado al fuego del patrulla a las 11 de la noche como decís. Esto lo discutimos en casa y lo vuelco aca.
A mi me parece que: salimos del cpo donde estaba el guarda y donde nos abrigamos a las 21.15.
Llegamos a la patrulla del bosque quemado a la una de la madrugada. es mas. era la una y media. No las 11!!!
Me gusta la idea de que mi cansancio y dolor podría hacerme perder el sentido del tiempo. pero sinceramente no lo creo posible.
En mi opinion a las 2 y media de la mañana nos metimos en la carpa a dormir. Luego voy a ver el forerruner que dice. sergio tiene los tracks que yo le pasé.
Tambien me gusta leer que estuvieras muy preocupada por mi. En realidad lamento que estuvieras preocupada! pero me gusta que lo estuvieras.. jaja.. y bueno..
Por lo que me dijo Magdalena Albin: mi aspecto era bastante lamentable.. yo sé lo mal que puedo ponerme de humor o la cara desastroza que puedo tener cuando estoy dolorido cansado con sueño etc.. igual tenés que acordarte que algunos chistes hacía.. cuando nos sentamos a congelarnos y que alguien arreglara el mundo, empecé a decir boludeces a ver si levantaba un poco el humor grupal,. ¿te acordás o no?
No me acuerdo especificamente de las boludeces pero me acuerdo que en un momento dije
- ya nadie festeja mis chistes malos! que desastre!
Esta chica mandona es un capitulo aparte. creo que lo voy a escribir en el texto. arriba. Merece ese capitulo. Si alguna vez lo llega a leer me va a odiar. pero bueno.. igual ya me odiaba en la montaña. asi que no va a cambiar nada!
Ok, voy a escribir mi version de la historia desde el momento en que te digo “andá a buscar tu podio” y me mandás a cagar.. Es un buen momento de la carrera. uno de los mejores momentos emotivos.. para mi.
Diciembre 16th, 2009 at 10:53
Sobre lo que comentás, Laura
yo deseaba todo el tiempo que los dolores fueran psicologicos. el problema es distinguir la histeria de lo real. Es muy dificil. La realidad es que no eran psicologicos. una cosa que pienso ahora que estoy por ir a kinesiología: que pese a que no me hubiera alcanzado el tiempopara hacer un tratamiento completo, quizás si 3 semanas antes de ir a la mision empezaba a pedir un turno de kinesiología, quizás iba con 5 sesiones encima.
de cualquier manera eso si que no lo quise hacer porque sería reconocer (psicologicamente) que uno está enfermo y de ninguna manera yo quería aceptar que mi mision corria peligro.
ahora que expreso esto me doy cuenta que obré bien: si ir al medico y hacer kinesiología me iba a predisponer en un estado de debilidad e indefension: era un error hacerlo antes de la carrera. por lo menos para mi.
Con respecto al contacto con la familia: no tengo dudas que tu caso es distinto. Al tener hijos estoy seguro que no te podes desconectar completamente de ese hecho. Yo no lo hubiera podido hacer. lo imagino y creo que debe ser asi. En mi caso podía actuar mas individualmente. Sin embargo siempre que intui que había señal: prendia el celular para comunicarme con viv. sabía que eso la haría feliz…
En referencia a los ritmos.. Nosotros (mientras yo pude, porque ana siempre pudo) teníamos un ritmo interesante.. podíamos pasar gente.. y calculo que hemos estado bastante adelante.
yo estimo que si no hubiera estado lesionado: podríamos haber llegado unas 12 horas antes. pero bueno. eso no se sabe nunca. Lo que me llamó mucho la atencion es que no nos deteniamos a descansar. hay otros equipos que hacian pausas para descansar e incluso para comer. Nosotros no paramos nunca. o si: paramos: para dormir. y luego paramos una hora en el pc2 y menos de una hora en el pc3. eso fue todo el descanso. Luego hay como descansos “activos” cuando alguein va a buscar agua o cuando se está buscando una senda y se baja el ritmo. o mientras hablás con un patrulla de alguna manera estás descansando… o al ir a baño.
Me gustó la anécdota de Vanina Oneto. Creo que no hay dudas de la capacidad física y de esfuerzo que puede tener esa chica que es una atleta de elite. Sin embargo me llama mucho la atencion que no se haya informado, que nohaya leido el foro, todo lo que escribimos nosotros, tanta pagina escrita hay! no le pueden pasar esas cosas, incluso es posible que no haya tenido comunicacion directa con ningun aventurero: muchas cosas se resuelven con el dialogo, si ella hubiera contado en el foro (o por mail) que pensaba llevar un camelback, yocon toda seguridad se lo hubiera vetado, le habria contado inmediatamente de mi camel pinchado de yerba buena.
El tema de no comer también es fatal. Eso yo ya lo tengo cada vez mas aceitado, por mas que anita me cargue que me lleno de migas, sé que hay que comer constantemente y asi lo hago, tengo en los bolsillos delanteros siempre bastante comida. Practicamente nunca se me acaba y cuando hacemos una pausa, ahi la voy reponiendo. hay que tener: comida, geles, recovery y la camara, la brujula…. todo eso a mano adelante. En este carrera hice una mejor interesante que se puede ver en la foto que es llevar esa riñonerita azul. me fue muy pero muy útil. voy a ver si para ctc me invento otro mecanismo mas para tener a mano cosas. asi que mas allá de que llevar elbulto en la espalda está aceptado por toda la comunidad: tener a mano adelante cosas es fundamental.
Yo no reniego de pensar y hablar de la carrera. Lo que yo siempre he sostenido es que no sirve de nada agarrar un mapa y estar todo el dia imaginandose caminos. A mi no me sirve. A gustavo Berison no le sirve. (por lo menos somos 2). Un campeón y uno de atrás. De cualquier manera mi frase apunta a entender que si una carrera es claramente de aventura: no hay manera de preveer que es el elemento de aventura que te va a tocar. y ante ese elemento: hay que ser flexible e inteligente y superarlo.
Si en una carrera, no nos pasa nada imprevisto: no fue una carrera de aventura. Esa es mi definicion.
Si en la mision no nos pasó nada extraordinario imprevisto: no fue de aventura. Afortunadamente: si lo fue.
Con respecto a las torceduras: me molesta que sea todo tan cuestion de suerte. se podría sostener que uno cuando se tuerce es porque se distrajo. Pero estar 70 horas atento a cada piedrita o tronquito es verdaderamente imposible además no permitiria disfrutar de otras cosas de la carrera. No se. parecería que torcerse es algo que uno tiene que aceptar que puede pasar. que hay un … 50% de posibilidades de que suceda? a mi me pasó bajando y corriendo, quizás de esa manea la torcedura es mas violenta… no debe ser igual subiendo.. o caminando.
Diciembre 16th, 2009 at 16:53
Anita: acabo de ver con sergio (que da fe) el track de la carrera:
a la hora que vos comias tu pati mientras nos abrigábamos ahi arriba antes de la ultima subida de los filos eran las 9 de la noche.. (nueve menos 2 minutos)
la hora en que el patrulla al lado de la fogata nos dice que hay que subir hacia la luna directo, es la una de la mañana menos 8 minutos…
o sea : tan aexagerado no fue lo mio! nos demoramos unas 4 horas en los filos.. minuto mas minuto menos..
Diciembre 16th, 2009 at 20:30
Nosotros marcamos el PCV O’Connor a las 5 en punto de la mañana y luego el PCV Cerro Quemado a las 8 en punto. O sea que tardamos exactamente 3 horas en los filos. Esto muestra básicamente la diferencia entre el día y la noche, porque si es por el ritmo, nosotros siempre vamos más lento.
Diciembre 16th, 2009 at 23:53
Un tema para comentar. Los pies y las ampollas.
Desde el arranque nos habían recontra advertido que íbamos a mojarnos mucho (era real) y que iba a ser fundamental cuidar los pies. El punto a comentar es que en mi caso, lo que pude observar es que a mí me hace peor la arenilla sobre el pie seco, que tener el pie mojado.
En los últimos orientatlones había observado que tenía tendencia a sacar unas ampollas en los laterales internos y el dedo gordo (también el borde interno). En Nogolí practiqué ponerme cinta hipoalergénica en TODO el pie y luego la vaselina arriba, como me había recomendado Toledo. El resultado fue que la cinta se hizo puré y la ampolla asomó igual. Me recomendaron entonces usar cinta más dura, la silvertape.
De manera que procedí a hacer eso. Me puse ST en el pie y llevé un rollito pegado en el bastón. La cosa es que con el pie mojado la cinta se hace un pegote con la media y cuando en algún momento me la sacaba era una chanchada que salía la media con cinta y todo y tenía que ponerme a tratar de limpiarla para que no le quedaran pedacitos. Y la tenía que reponer cada vez que me sacaba la media, cuestión que al final no me alcanzó y para el último día no me quedaba más (tenía de la cinta adhesiva del botiquín que fue lo que usé entonces).
La cosa es que no sé si sería por la cinta o porque a mí no me afecta tanto tener los pies mojados, pero el pie estaba perfecto. No se me lastimó la zona de siempre ni se me pusieron todos arrugaditos como a otros que vi en las fotos o los videos. Básicamente se veían bastante bien (si no consideramos todas las marcas de los pegotes de la cinta).
Y luego, el sábado, que salí con las medias secas y ya no volví a meter los pies en el agua, pero bajamos por la ladera del filo, esa que era casi como de arena, al llegar al bosque quemado empecé a sentir el ardor característico de la piel rozada y por ampollarse. A esa altura del partido ya mucho no me importaba porque era como que ya habíamos llegado, pero me llamó la atención que justo en el tramo en el que finalmente andamos con los pies secos, ahí me sale la ampolla… A alguien le pasará esto mismo?
Diciembre 17th, 2009 at 11:45
Laura.. me llama la atencion tu comentario porque en general los pies de las mujeres son mucho mas resistentes que los de los varones. Esta es una teoría de Silvia Solari que creo que está muy acertada. Dice la dra silvia que el hecho de usar zapatos de tacos y además los mismos zapatos que suelen ser para las mujeres elementos de tortura, les van curtiendo los pies de manera que con el paso de los años los tienen plagados de microcallos que ademas de hacerles una gruesa capa de piel los hace resistentes para este tipo de carreras.
A mi no me gusta el tema de agregar cinta. Creo que es un elemento mas que puede justamente provocar la ampolla.
Mi manera de protegérmelos es usar cantidades inmensas de vaselina. y si siento que empiezan a arder: o reponer la vaselina o investigar si tengo un doblez en la media. También en ese momento del examen, se puede decidir poner algun parchecito en el sector en donde la ampolla esté amagando salir. Pero lo que no haría nunca es “blindarme” el pie con cinta porque un error a la hora de la pegatina puede significar quedar fuera de la carrera.
además que la vaselina protege no solo del rozamiento sino también del agua.
Tampoco he tenido nunca problemas con las ampollas: si con las uñaso con ampollas (de agua y sangre) debajo de algunas uñas. sobre todo la del dedo gordo. Pero como esos problemas se declaran definitivamente luego de la carrera (a las 24 horas) si bien es un incordio, no los considero problemas super graves, en todo caso debo aprender a cortarme exageradamente ciertas uñas.
Diciembre 17th, 2009 at 12:39
Antes de meter bocado felicitaciones estebita por la carrera y la crónica. Siempre permiten al lector ponerse en tu lugar y compartir tus sensaciones de carrera. Brillante.
Respecto al intercambio de ideas con Laura me gustaría decir 2 cosas. Cuando hablaban de la planificación de la carrera y la previsión de algunas situaciones que indudablemente suceden en carrera como ser comida y agua para la marcha, por más que uno lea y relea crónicas, comentarios, experiencias de anteriores participantes, etc es difícil no errar o dejar librado al azar algún aspecto. En mi caso, cuando corrí YB-Tafi, fui con una mochila que no tenía bolsillos frontales. No tenía comida a mano, ni el pasaporte ni el agua. Cada vez que llegaba a un PC me retrasaba un montón, tenía que sacarme la mochila para acceder al pasaporte, tomar un poco de agua, comer algo y seguir adelante. Recordaba la cronica de Estebita de su YB-Tafí 2008, durante la cual le pasó un poco esto. No me falto información, sino la experiencia para no menospreciar el detalle. De todas formas, y si bien mejore un montón en este aspecto, al terminar La Misión, encontre un monton de defectos en mi equipamiento/planificación que espero mejorar a futuro.
En lo que se refiere al tema ampollas, me paso un poco lo que a Laura. Debo admitir que no fui particularmente cauteloso con los pies (por ejemplo, por apuro la mañana del jueves ni siquiera me puse vaselina), pero así y todo, y creo gracias al agua fría, no tuve inconvenientes. La parte del trayecto que más sufrí fue todo el tramo posterior a pasar el pc3. El calor del asfalto en la ruta, y la arenilla del cordón del O`Connors me mataron (otro error por ratón, no lleve polainas cortas). Pero es verdad, como ya teníamos la carrera a un pasito, no me calentaba.
Salu2
babi
Diciembre 17th, 2009 at 12:40
Está claro que yo no cumplo con esa norma mujeril, ya que nunca usé zapatos con tacos, por razones obvias. Siempre he usado calzado cómodo y es el día de hoy, que para trabajar uso zapatos o sandalias, que solo puedo usar las de Grimoldi porque las demás me hacen doler los pies o me sacan ampollas.
Me comentario venía a que yo, sabiendo que mis pies son propensos a sacar ampollas siempre en los mismos lugares, los protegí tratando de evitarlas. Pero que me llamó la atención de que para mis pies era peor andar en terreno seco que andar mojados (contrario a la creencia general). Por algo es que en los orientatlones me han salido ampollas, en esos casos es muy raro que uno se moje.
Diciembre 17th, 2009 at 13:22
hola baby!
gracias por tus palabras..
che.. está bueno lo que comentás porque yo también lo vivo asi.
Uno empieza a informarse de como prepararse para una carrera. como entrenar, como equiparse.. etc..
ahora: dentro de todo ese cumulo de informacion: hay cosas que uno las adopta inmediatamente y otras que las desecha.. como si uno pensara “esto no es para mi” o “yo no voy a tener ese problema”,
Incluso hay momentos en que yo siento que, seguramente si no me encargo de este problema, a la larga me va a perjudicar, pero pese a todo prefiero vivir el inconveniente, y aprender a partir de la dificultad misma… ¿terquedad? Creo que son mecanismos que uno se elige para justamente hacer una experiencia levemente negativa y lograr una solucion propia a un problema.
acá tendría que poner un ejemplo porque no se debe estar entendiendo que quiero decir….
En este momento todavía estoy lidiando (tras 2 misiones) con 2 elementos que ahora recuerde que están de mas, pero no he decidido todavía descartar, pese a que cierta realidad me indicó que tengo que corregirlos.
1. los geles. en ambas misiones llevé el doble de geles que finalmente consumi. y en esta ultima creo que consumi solo 4 geles(y llevé 9) y si fuera por las ganas o la necesidad: no hubiera tomado ni uno. no me servian.
2. la carpa. en la primer mision fue fundamental. en esta, fue muy cómoda y util, pero es un kilo 100 ( o un kilo 400 no recuerdo) y ademas ocupa mucho volumen. tengo que encontrar una configuracion de vivac+abrigo que me permita dejar a un lado la carpa. eso si quiero ir liviano como todos mis compañeros. al final la mochila mia es siempre la que mas pesa.
saludos!
Diciembre 17th, 2009 at 16:29
Que 2 items mencionaste eh???
Yo también lleve carpa, me genera una tranquilidad saber que voy a descansar bien… No creo que me le anime al vivac, pero tal vez la combinacion poncho + vivac puede andar. Yo vi armado el poncho en su formato carpa y creo que puede funcionar excelente. Es cuestión de probarlo. Ahorrarías mucho espacio y algo de peso también.
Con los geles me pasa exactamente lo contrario. Tanto a YB como a La Misión lleve menos de los que me hubiera gustado consumir (los tuve que regular). No se si será psicológico o que, pero me levantan mucho físicamente. Y la verdad es que originalmente ni pensaba llevar pero a partir de sugerencias, los metí en la mochila.
Algo curioso que me ocurrió durante la carrera es una constante necesidad de comer cosas dulces. En la ciudad me pasa justo lo contrario. Más allá de frutas secas (200gr por total), los sandwiches (4) y lo de las cantinas (1 lenteja y 2 hamburguesas), en marcha todo lo que ingerí fueron dulces (sin repetir y sin soplar 2 alfajores milka, 4 titas, 2 paquetes de galletitas pepitas, 10 geles y una tableta de chocolate aguila semi amargo). Ahora que lo leo, me parece que es poca comida.
salu2
Diciembre 18th, 2009 at 0:14
Estebita, ecxelente crónica, plagada de vivencias y escrita desde el sentimiento, que creo es el motor que nos conduce y nos lleva adelante. Saludos !
Diciembre 18th, 2009 at 8:32
Yo vivi el paso por los filos como menos tiempo que el que estuvimos por el bosque, por ahí por que en el bosque me sentía como con “mas carga” no se..
Con las ampollas me pasó algo similar a laura, mientras tuve los pies mojados no me pasaba nada, me salieron las ampollas en los tramos de arenilla. Ese ultimo día. Igualmente me di cuenta de los dos dedos de los pies que se corresponden con los anulares de las manos. Cuando terminé la carrera, ya bañada me dí cuenta que tenía unas en la parte interna del pie, pero en carrera no me molestaron.
Es mas, cudno me entré a bañar, a pesar de no tener casi ampollas, sentía que me ardían los pies.
Diciembre 18th, 2009 at 17:27
hola babi!
La carpa es como una cruz para mi.. Ahora iremos a CTC con Viv, y no sería buena idea dejar la carpa a un lado. Así que volveré a cargar con ella.
en todo caso la carpa es como un recordatorio que me dice: tenés que ir al gimnasio, mirá que vas a tener que cargar una mochila algo mas pesada! entrená en el gimnasio!
y la verdad que si lo veo asi: no me molesta tanto… es un desafio mas. Por supuesto que si algun día corro la carrera con la intención de ganar algo o estar muy finito ahi adelante.. es una gran desventaja en un aspecto. pero es un buen seguro (si llueve) en otro.
a mi el poncho no me convence. si sopla el viento no va a impedir que éste te entre por los costados. apenas lo que puede hacer el poncho es atajar un poco el rocio o una pequeña llovizna pero no mucho mas que eso. En ese aspecto: la carpa para protegerte. hacerte un pequeño microclima y retener el calor de las 2 personas que están dentro de ella: es insuperable.
Soy un corredor conservador. No me gusta encarar la carrera calculando que llevo todo “justito” y si se viene un chubasco, y bueno, me quedo afuera. eso no me lo perdonaria (no ahora) quien sabe en el futuro. Todavía es muy importante para mi poder llegar en todas las carreras. El llegar y cumplir el objetivo es fundamental.
Nosotros tuvimos en esta carrera una necesidad equilibrada. El año pasado en realidad nos consumimos todo lo dulce, y practicamente nada de salado, este año fue variando…
Me parece que cuando hace calor, uno quiere comer salado (y beber) debe ser porque se eliminan sales con la traspiracion y uno necesita reponerlas.. En cambio con el frio no dan ganas de comer salado, pero lo dulce te aporta calorias, de manera mas instantánea, imagino que debo estar diciendo cualquier cosa, pero lo digo con cierta lógica! El chocolate me sirvió mucho. los alfajores, las galletitas. todo eso lo aproveché en los momentos en que tenía frio, o de desayuno a la mañana temprano.. En los medio días, cuando ya el sol calentaba, y estabamos por llegar al pc2 o pc3, lo que queria era picar cosas saladas…
Chello! Muchas gracias! creo que todos debemos intentar decir siempre algo mas o menos distinto. si hablamos desde nuestro corazón, seguramente estaremos comunicando cosas unicas y bastante ciertas…
Ani: que sentias en el bosque? querías correr a la meta.. no?
mientras cruzabamos los filos para arriba yo iba despacito, pero no me dolia demasiado..
la bajada en esa tierra con acarreo me costó bastante. usé mucho los 2 bastones para atajarme y por supuesto que el otro pie. de hecho no estoy pudiendo caminar descalzo porque me duele mucho la almohadilla del pie izquierdo (adelante) eso me quedó de derrapar con ese pie.. espero que pronto se cure. igual no me impide trotar con la plantilla dura.. pero si es un dolor mas. Me estoy poniendo hielo 3 o 4 veces al dia. tengo una botellita de 7Up congelada, la pongo en el piso y le doy con la planta del pie… enfriando y masajeando.. todo en el trabajo.
hoy empiezo el tratamiento kinesiologico para curarme la pubalgia! ojalá se cure. Segun el profesor: es leve, seguramente lo es. pero bueno.. soy bastante maricon con los dolores.. o no!
El otro dia pensaba en los comunes denominadores, esto da para otro post, pero bueno lo pongo aca.
Somos corredores. corredores de aventura. tenemos comunes denominadores.
somos competitivos (sino no seríamos corredores)
tenemos algo de especial con la tenacidad, con la constancia, entrenamos mucho tiempo, muchas horas, todo el año para después tener un desempeño mas o menos honroso en la carrera.
Además trabajamos con la resistencia, y con la tolerancia al dolor, o al sufrimiento, o al aburrimiento (en realidad yo creo en ese punto que tengo bastante poca tolerancia al aburrimiento, por eso tambien, no corro en la calle).
A algo le escapamos, o algo perseguimos , cada uno tendrá su respuesta al respecto. Yo me veo mas huyendo que persiguiente algo…
Somos fácilmente motivables….